jueves, 12 de diciembre de 2019

Puerto Rico, los derechos humanos y más allá…

El 11 de diciembre de 2019, fue grato asistir a una actividad enfocada en el tema de los derechos humanos; realizada en el teatro monseñor Vicente Murga de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Gracias por tan especial foro para fomentar el pensamiento profundo sobre un tema que toca a todos por igual.

Sería correcto afirmar que en nuestra tierra se violentan los derechos humanos; pero caería en el simplismo y hasta en la negación de derechos, si permanece ahí o se presta a perderse en promover una causa ideológica. El tema requiere diversidad de puntos contrastantes y no un coro mirando en una sola dirección. Lo que mejor promueve el respeto de los derechos humanos es exponerse a diferentes corrientes de pensamiento.

Veo positivo sumar a lo visto en el buen foro universitario, lo siguiente:

·         Los derechos no son absolutos. También hay deberes. Incluso hay medidas para un debido orden, como el respeto al derecho ajeno y la propiedad, las reglas de tránsito y los registros de seguridad en los aeropuertos. Hay que coexistir y crecer.

·         En Puerto Rico hay doble protección constitucional: la Constitución de los Estados Unidos de América y la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Gracias a esa doble protección constitucional, la Isla no ha caído en el abismo. Gracias a la inteligencia natural, la Isla tampoco se ha perdido en el barranco que representa la ruta de izquierda que es el peor de todos los caminos.

·         La dinámica universitaria es en verdad edificante. Para fortalecerla y perfeccionarla, procede fomentar la perspectiva amplia y no limitada. Por ejemplo, la libertad de cátedra se fortalece cuando el profesor no se siente con el monopolio de la verdad, se ve como servidor y coloca a Dios primero en todo (no es religión, es estilo de vida de trascendencia y decencia con efectividad y humildad). La libertad de cátedra se corrompe cuando en el profesor domina la soberbia, se ignora el debido contenido curricular y se manipula la información, no se inspira respeto, o el norte es buscar imponer una preferencia ideológica a toda costa. Admiro, valoro y bendigo a los educadores y las educadoras que hacen real y vital la vocación que honra al Supremo Maestro. Por eso, voy más allá: Existe la doctrina de no tener problemas con el profesor y con el jefe. Eso hay que verlo con sumo cuidado: En la vida, es sabio respetar a la autoridad. Sin embargo, eso no significa seguir ciegamente o decir Sí a todo. Cuando se fomenta no tener problemas con el profesor y el jefe en forma incorrecta, se enseña corrupción. Eso es así porque esa doctrina en forma indebida, enseña a decir Sí a lo que sea y fomenta la adulación por un "beneficio". Lo correcto es enseñar a respetar; y también a desarrollar el discernimiento para saber decir No. Como gran muestra, los casos de convicción por corrupción ejemplifican las consecuencias de no haber sabido decir No. De hecho, de Jesús y los discípulos se aprende a no seguir ciegamente. El tiempo pasa rápido y los semestres pasan fugaces. Lo que permanece son las lecciones de vida. Lo que escribe un testimonio bueno para las generaciones, es la dinámica en que el estudiante puede ver al educador con agradecimiento; y el educador puede ir con la frente en alto por el deber bien cumplido. Oremos por eso. Que toda vocación pueda dar testimonio del fruto abundante del éxito en el proceso enseñanza-aprendizaje. Que la fe se defina con humildad y buenas obras. Que el amor sea guía vital.

·         En el tema de los derechos humanos, hay que evitar que se caiga en la tentación de atarlo incorrectamente al tema del status político. En términos directos: Puerto Rico vive hoy una prolongada crisis. Esa crisis que originó la Ley PROMESA y la Junta de Control Fiscal, no fue causada por el excelente sistema democrático-constitucional (con una base que lo valida que es más que funcionarios de turno y circunstancias de un momento dado) llamado Estado Libre Asociado o el tema del status político, sino por malas prácticas administrativas. Buscar la destrucción del sistema democrático-constitucional por la crisis de un momento dado y los desaciertos de funcionarios de turno, es tan irracional como si en un hogar, se optara por demoler la casa que con tanto amor y esmero se edificó, por las fallas de quien administró mal. Un cambio de status político no es la varita mágica que borra deudas y resuelve todo. Los casos de Detroit y Grecia así lo confirman. La prioridad para la Isla es rescatar la buena administración para generar soluciones y presupuestos balanceados.

·         Aun contando Puerto Rico con doble protección constitucional, se violentan derechos humanos. Es más por lo cultural que por lo institucional. Algunos ejemplos son:
Ø  El discrimen por edad.
Ø  La cultura empresarial de sacarle al empleado el máximo en productividad y darle lo mínimo en beneficios. Eso nada tiene que ver con el capitalismo (el capitalismo fomenta el derecho a prosperar e incentiva la productividad).
Ø  El rechazo por origen o nivel socioeconómico.
Ø  El criterio de “tanto tienes, tanto vales” al seleccionar pareja.  
Ø  El estereotipo de persona universitaria, que se desvirtúa cuando cae en soberbia. No puede ni debe ser, proyectar intelectualidad al son de buscar manipular e imponer, o estigmatizar y maltratar a quien piense diferente. Un buen principio para armonizar y lograr una civilización de avanzada es el siguiente: Nadie tiene el monopolio de la verdad y cada cual tiene una parte de la verdad.

El tema de los derechos humanos es esencial. Vivifica la naturaleza humana y cristiana. Trasciende lo teórico al hacerse parte de la vivencia que rescata valores fundamentales como progresar sin hacer daño al prójimo, y evolucionar en la zapata de los valores esenciales y el aprecio de la sabiduría de los mayores.

Los derechos humanos trascienden con Poder Supremo mediante los testimonios de reconciliación, restauración y edificación. Que no sea imposible realizar y consagrar el Proyecto de Vida en el luminoso nosotros.   

·         “¡Cómo de distinta sería nuestra vida si aprendiésemos de verdad, día a día, a trabajar, a pensar, a construir juntos!”. –Papa Francisco

·         “Los tiempos exigen que el espíritu se eleve. Los tiempos exigen que se comprendan los imperativos del deber, que nuestro viaje por la vida sea una experiencia de crecimiento moral, de modo que al final de la vida seamos mejores seres humanos que cuando comenzamos”. --Rafael Hernández Colón

·         “¿Qué es ideal? Ideal es toda cosa de bien por la cual se trabaja y se lucha desinteresadamente; ideal es toda cosa de bien que se concibe en el espíritu, se proyecta hacia el porvenir y recluta toda la fuerza del alma para que se logre; es toda cosa de bien que incluye la seguridad de una madre de que sus hijos no van a pasar hambre, y que incluye la paz en el corazón, y que incluye el techo que cobija al ser humano a su paso por el misterio de la vida.
Ideal es todo propósito de bien, que incluye la honda satisfacción de hacer cosas creadoras con humildad y con fuerza de espíritu, y que incluye el vaso de leche que fortifica la salud del niño y la serenidad de quien trata de actuar con justicia y actúa siempre sin pequeñez y sin odio. Ideal es todo propósito de bien que incluye el pan que no le falte al jornalero después de la oración, que es su trabajo sobre la tierra, y que incluye el pedacito de tierra que no se ejecuta y arrebata al labriego.  Ideal es toda cosa de bien, ya sea el alivio del dolor del cuerpo por la ciencia médica o el alivio del dolor del alma por la buena religión”. --Luis Muñoz Marín
                                     
·         La patria tiene el paisaje que amamos, sus colores y las estaciones, el olor de su tierra que humedece su lluvia, la voz de sus aguas de quebrada (la de mar es más como la de todas las patrias que dan al mar); sus frutos y canciones y formas de trabajo y de fiesta; sus platos de celebración y los austeros y socorridos con que afronta el sustento de todos los días; sus flores y hondonadas y veredas –pero, por sobre todo, su gente: el pueblo, la vida, el tono, las costumbres, las maneras de entender, de hacer, de llevarse unos con otros. Sin eso, la patria es nombre, o abstracción, o a lo sumo, paisaje. Con la gente, es patria-pueblo. Por eso digo que quienes profesan amar la patria y desprecian al pueblo sufren un grave enredo de espíritu. Lo sufren –y no debemos suponer que sea de perversidad o mala fe– quienes con palabra o por implicación de sus acciones dicen, ‘¡que se salve la patria aunque se hunda el pueblo!’ El cariño ha de ser a la patria entera, a la patria-pueblo. ¿Cómo no lo hemos de sentir? ¿Y quién puede decir que hace daño sentirlo? Es grato al espíritu y es enaltecedor sentir ese cariño. De lo que tenemos que resguardarnos en el mundo en que vivimos es de confundir el amor a la patria-pueblo con el concepto fútil de pequeño e ingenuo estado nacional. No hay mandamiento de ley divina o humana que diga que las patrias tienen que estar aisladas, ser suspicaces, vanidosas y cerreras, máquinas generadoras de la desconfianza y del odio entre los seres que pueblan la ancha igualdad que hizo el Señor sobre la tierra”. –Luis Muñoz Marín                          
















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