jueves, 25 de diciembre de 2025

Desde el niño interior se desarrollan las mayores fortalezas para hacer realidad sueños.

El 25 de diciembre es propio compartir una foto de mi niñez en la década de 1970 en Ponce, Puerto Rico. Ante la expectativa de la llegada de Santa Claus, la tradición era escribir la carta a Santa y esperar encontrar regalos bajo el árbol navideño. 

Recuerdo que era todo un proyecto lograr que los niños se levantaran temprano de lunes a viernes para ir a la escuela, pero sábado y domingo nos levantábamos temprano para ver muñequitos (dibujos animados) en la televisión. 

El 24 de diciembre dominaba el menú tradicional hecho por mis padres. Recuerdo cómo los pasteles habían comenzado a tomar forma días antes en la selección de ingredientes en la Plaza del Mercado.

La programación de los canales de televisión se enfocaba en lo navideño. Eso se notaba incluso en series importadas; por ejemplo, en la serie The Six Million Dollar Man hubo un episodio de Navidad. 

La Nochebuena tenía magia. Mirar hacia las tres estrellas con imaginación no rivalizaba con Santa Claus y esperar con ilusión el regalo de Santa no iba en contra de Jesús y no le restaba a la cultura. 

Recibir esos regalos generaba un palpitar que supera el alcance de mis palabras. Con canas en el cabello y mis padres en el cielo, los recuerdo con amor y agradecimiento, veo que Santa Claus y los Reyes armonizan a la perfección con Jesús, y las expresiones confusionistas no me desvían de eso. 

Recuerdo los temas en la escuela Ramiro Colón Colón luego del receso navideño. Se hablaba sobre los regalos recibidos. Unos recibían regalos de Santa Claus y los Reyes. Otros recibían solo de los Reyes. 

En lugar de cuestionar si creer en Santa Claus y los Reyes era recibir doble regalos, procede ver que el tiempo pasa rápido, la niñez es fugaz y la vida es como un soplo. En lugar de contiendas, procede generar los mejores recuerdos, que se disfrute la niñez en su buen tiempo y se forme bien.

La contradicción gubernamental era por un lado indicar que fomentaba tradiciones, y por otro lado comenzar las clases lo antes posible luego de Reyes; eso no le daba a los niños el tiempo para disfrutar los regalos de Reyes, por lo que el más anhelado regalo se le pedía a Santa Claus. Lo esencial es que todos seguíamos con la alegría navideña al reencontrarnos luego del receso y no había envidias por la diversidad de estilos y precios de los regalos. 

Oremos para que cada vez sean más los testimonios de bonitos recuerdos formativos y de personas que logran sanar heridas internas, liberarse de errores y descubrir las esencias de calidad humana y cristiana para así fructificar todos en obras, realizaciones y la ruta a la Eternidad desde la plenitud en esta tierra.

Desde el niño interior se desarrollan las mayores fortalezas para hacer realidad sueños. Consagremos el nuevo yo y el luminoso nosotros.


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Dejad a los niños venid: https://youtu.be/HOJVZU92klQ?si=is2FGoidgoo6FFhn 

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