lunes, 9 de julio de 2018

La trascendencia de “Coco”…


Una realidad aplicable a la existencia, al mundo y al universo entero: El ciclo de nacer, vivir y morir. Ante esa realidad, mucho se ha argumentado y teorizado.

Tiene gran poder de buen corazón, la conciencia de fomentar el aprecio a los mayores como zapata formativa de familias y generaciones; y la fe del reencuentro en la eternidad, más allá de los límites del ciclo de la vida.    

Desde esa perspectiva, la película animada “Coco” es en verdad emotiva y grande. Las canciones, las lecciones, las ilusiones de Miguel, el renacer de mamá Coco (la sonrisa de la ancianidad con inocencia angelical), las fotos de quienes han fallecido para no olvidarlos, y cómo al final de logra tanta armonía y paz, son bálsamos y nueva esperanza para quienes tenemos lágrimas profundas y seguimos perseverando. 

Con el paso del tiempo, nuevas ideologías van surgiendo. Va tomando auge lo de no honrar la partida y no recordar a los difuntos. Se argumenta en contra de las oraciones por las almas que extrañamos y a favor de olvidar y seguir como si nada. Se ven las mayores tradiciones de fe como parte del pasado a dejar atrás y la gran ironía es que las “nuevas” ideas tienden a la idolatría enfocada en el egocentrismo y no han aportado efectivamente para fomentar más empatía, sentido humano y mejor calidad de vida.

Para mí, "Coco" fue un consuelo especial por la pérdida de mi madre en el 2016. Bendigo a todos los que son parte de la producción “Coco”. Gracias por confirmar que para potenciar al verdadero amor y crecer como individuos y sociedad, procede regresar a las más sólidas raíces y vivificadoras tradiciones. En ese proceso de buen corazón y sano entendimiento, los vivos evolucionan y los fallecidos tienen presencia eterna mediante la fe edificante y los recuerdos aleccionadores e inspiradores.















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