sábado, 15 de octubre de 2016

El texto de Eduardo Lalo sobre el odio tiene un notable error y un notable acierto.

El texto de Eduardo Lalo titulado “Los mercaderes del odio” tiene un notable error y un notable acierto. Veamos:

·         Notable error- Dice: “la criminalización del independentismo liderada por Muñoz Marín y el PPD en tiempos de la Ley de la Mordaza”.
Es cierto que existió la Ley de la Mordaza, pero al ver el contexto histórico, encontramos que fue un liderato encabezado por Albizu Campos el que se auto-criminalizó por buscar imponer por la fuerza de las armas lo que no podían lograr en las urnas democráticas por la falta de capacidad de convencimiento. No sirve bien esa mente extremista de ver como “traidor” y “enemigo de la patria” a toda persona que piense diferente o entienda que se puede lograr un mejor presente y futuro en la ruta de una buena relación de Puerto Rico con Estados Unidos. En eso no hay heroísmo ni patriotismo. Patriotismo es desarrollar forjado amor a la patria en vez de odio y cainismo. Patriotismo es crecer en el concepto Patria-Pueblo fomentado por el verdadero héroe y patriota, Luis Muñoz Marín.

·         Notable acierto- Dice:Un grupo de pastores evangélicos pretenden desarticular el ‘mito’ de la separación de Iglesia y Estado por las ondas radiales. Cada noche odian al prójimo como a sí mismos. No ven contradicción con las Escrituras, acostumbrados como están a la cita profusa, obsesiva y arbitraria. Su ‘nosotros’ llegará más allá del Fin de los Tiempos gracias a su ofensiva contra otros cristianos, contra las iglesias competidoras, contra los periodistas, los ateos, las sexualidades y los ciudadanos pensantes. Reclaman la salvación por la puerta estrecha de su demagogia y al final de la senda que los aleja de Satanás, acceden a la bóveda de los diezmos”.
Lamentablemente es cierto que vivimos tiempos en que ciertos líderes religiosos fomentan egoísmo, buscar silenciar y condenar a todo el que piense, alimentar apetitos desmedidos y todo lo opuesto al Príncipe de Paz. Siento empatía hacia los maltratados por no decir “Amén” a los estilos cuestionables y mensajes de discordia. Cuando surge el estilo más agresivo desde ciertos religiosos en vez de desde lo político, y más expresiones cristianas y humanitarias desde lo que no es religioso, se confirma que vivimos tiempos atípicos. Cuando al día de hoy se da exclusión, duda y suspicacia hacia quien se expresa a favor de la equidad y de que todos somos hijos de Dios, se confirma que hay mucho que educar y revelar. Se confirma que Dios emplea los medios que Él desea para responder, obrar y edificar. Eso de vivir tiempos atípicos, se puede tomar en lo positivo para buscar mejores formas de ver y hacer las cosas. Se confirma que se ha fallado cuando no se ha dicho la verdad a las congregaciones y al país. Siento empatía hacia los maltratados por no decir “Amén” a ciertos estilos y mensajes; hacia quienes no han tenido otra opción que dejar roles ministeriales, o incluso no congregarse o asistir solo el domingo. Que haya pleno apoyo a quienes cumplen bien. Que las iglesias den ejemplo de lo correcto. Que no haya impunidad en lo que se desvía y daña. Que la efectiva aplicación de la justicia divina, comience en este mundo.

Para edificar mejor a la patria, ciertamente hay que superar raíces de odio y amargura. Dios ilumine a todos. 

·         La patria tiene el paisaje que amamos, sus colores y las estaciones, el olor de su tierra que humedece su lluvia, la voz de sus aguas de quebrada (la de mar es más como la de todas las patrias que dan al mar); sus frutos y canciones y formas de trabajo y de fiesta; sus platos de celebración y los austeros y socorridos con que afronta el sustento de todos los días; sus flores y hondonadas y veredas –pero, por sobre todo, su gente: el pueblo, la vida, el tono, las costumbres, las maneras de entender, de hacer, de llevarse unos con otros. Sin eso, la patria es nombre, o abstracción, o a lo sumo, paisaje. Con la gente, es patria-pueblo. Por eso digo que quienes profesan amar la patria y desprecian al pueblo sufren un grave enredo de espíritu. Lo sufren –y no debemos suponer que sea de perversidad o mala fe– quienes con palabra o por implicación de sus acciones dicen, ‘¡que se salve la patria aunque se hunda el pueblo!’ El cariño ha de ser a la patria entera, a la patria-pueblo. ¿Cómo no lo hemos de sentir? ¿Y quién puede decir que hace daño sentirlo? Es grato al espíritu y es enaltecedor sentir ese cariño. De lo que tenemos que resguardarnos en el mundo en que vivimos es de confundir el amor a la patria-pueblo con el concepto fútil de pequeño e ingenuo estado nacional. No hay mandamiento de ley divina o humana que diga que las patrias tienen que estar aisladas, ser suspicaces, vanidosas y cerreras, máquinas generadoras de la desconfianza y del odio entre los seres que pueblan la ancha igualdad que hizo el Señor sobre la tierra”. –Luis Muñoz Marín
       
·         "Reposará en la estepa la Equidad, y la justicia morará en el vergel; el producto de la justicia será la paz, el fruto de la Equidad, una seguridad perpetua”. --Isaías 32:16-17

                                       



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