miércoles, 8 de febrero de 2017

Sobre una reina y una madre…

Es noticia que con 90 años de edad, la reina Isabel II ha hecho historia al cumplir 65 años en el trono del Reino Unido. Es la primera monarca británica que celebra el llamado Jubileo de Zafiro. Eso en verdad es admirable y respetable.

En uno de los reportajes, se indica que algunos de los detalles que explican su longevidad, con buena salud mental y física, son la genética, no fumar ni beber en exceso, dieta sana, ejercicio y serenidad, actividad mental y fe. Ante lo accesible al mundo, ella refleja valores y orden en la vida; y en ocasiones hasta ojos de piedad.

A generaciones ha inspirado su perfil señorial y mirada con bien ganada autoridad. Sin embargo, a mí lo más que me cautiva de esa imagen de verdadera reina en un mundo que necesita poder volver a creer y crecer, es su cierto parecido con mi madre. En verdad deseaba que mi madre pudiese llegar sana a los 90 años, pero se fue al cielo.   

¿Imperan siempre el “tiempo de Dios” y la “voluntad de Dios”? En un mundo en que hay más de 4,000 religiones, es propio buscar trascender y encontrar lo correcto que en verdad edifique a todo el ser. Aun en ambientes de realeza en que parecen hacerse realidad los cuentos de hadas, no todo es perfecto. Cuando dejan de funcionar los clichés y los tradicionales libretos memorizados, comienza la verdadera búsqueda del genuino bálsamo y de la verdad. Es en ese nivel que se puede crecer como seres humanos. Que se redefina el tiempo de Dios como cada obra y hazaña que hace presente algo positivamente impactante y revolucionariamente trascendente.

La reina Isabel II es madre de cuatro hijos. Mi madre, Adela Martínez Cruz, también tuvo cuatro hijos y supo perfeccionar la imagen señorial con la humildad que en verdad tiene esencia divina. No tuvo los bienes de la reina, pero sí supo inspirar mucho.

Las grandes damas son en verdad un regalo de Dios. Una reina y una madre así lo confirman. Mi madre tenía una voz que daba serenidad ante todo, y una sensibilidad y humildad que le daban autoridad. ¡Que mucho se necesita hoy ese nivel de cátedra y serenidad que respeta y no necesita recurrir al grito o al estilo cuestionable! Imposible contener las lágrimas al recordar la última vez que mi madre me dijo “Dios te bendiga”.

Mi madre mereció más en la vida, y al mismo tiempo le dio luz a todo lo que tuvo y alcanzó. Haya gozo eterno a ella y paz a todos los que seguimos perseverando. Una reina y una madre acentúan que Dios se creció al crear a la mujer.
                                                     
·         “Hay una mujer al principio de todas las grandes cosas.” – Alphonse de Lamartine
                                         
·         “Una mujer con imaginación es una mujer que no sólo sabe proyectar la vida de una familia, la de una sociedad, sino también el futuro de un milenio”. --Rigoberta Menchú, activista indígena guatemalteca, Premio Nobel de la Paz         

·         “Dios no podía estar en todas partes y por ello creó a las madres”. --proverbio judío

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