jueves, 29 de octubre de 2015

La Ramiro Colón Colón y tiernos recuerdos en la FBRHC.

El 29 de octubre de 2015, fue grata la visita de estudiantes de la escuela elemental Ramiro Colón Colón a la sede de la Fundación Biblioteca Rafael Hernández Colón, ubicada en la Calle Mayor esquina Castillo de Ponce. Ciertamente las visitas de estudiantes son muy gratas, pero hoy para mí tuvo significados especiales porque estudié en esa escuela elemental. Mucho se define en el vital nivel elemental.

En 1979 me gradué en la Ramiro Colón Colón. Muchos de los que comenzamos en esa escuela, llegamos hasta la Ponce High. El árbol en el patio, es fiel testigo de tantos juegos infantiles, procesos formativos y afanes en la vocación de amor de educadores, padres y personal escolar.
           
Recuerdo la magia de las grandes series de televisión (como “Batman”, “The Six Million Dollar Man”, “The Bionic Woman”, “Wonder Woman”, “Planet of the Apes”, “CHIPS” y otras) y de las producciones de Chespirito en aquellos días de infancia, tan determinantes en la formación de la persona. Eso no rivalizaba con las producciones locales; había espacio para todos. Aunque en el paso del tiempo detalles se van olvidando, recuerdo que eran días en que al día siguiente de los episodios, el patio escolar se convertía en taller de imaginación e interesantes conversaciones. Los juegos de los niños prolongaban y maximizaban lo visto en la pantalla chica. Cada uno de los personajes adquiría nueva vida y alcances bajo un gran árbol en ese patio.

Eran días en que los niños se levantaban bien temprano los sábados y domingo para ver los dibujos animados en la televisión; pero qué difícil era para la mayoría de los niños levantarse temprano para ir a la escuela…

Siempre recuerdo la alegría con que recibimos dos libros que nos obsequiaron cierto día de 1974, siendo el doctor Ramón A. Cruz, secretario de Instrucción Pública (hoy llamado Departamento de Educación de Puerto Rico):
·         “Cuentos para ti”
·         “Mi primer libro de versos”

En la “Dedicatoria” del libro de cuentos, dice:
·         “Una biblioteca es un sitio acogedor donde guardamos unos libros que queremos mucho. Ellos nos devuelven todo el cariño que les brindamos. Nos regalan la belleza de los sentimientos que guardan en sus páginas.
El Departamento de Instrucción desea que tú empieces a formar tu propia biblioteca en tu hogar. Poco a poco puedes tener tus libros”.

En la “Dedicatoria” del libro de veros, dice:
·         “Esta vez el Departamento de Instrucción Pública pone en tus manos un libro de versos. Se titula Mi primer libro de versos. Es tuyo. Es un regalo de ritmo, de belleza, de bondad, sus páginas recogen una sonrisa, una palabra de cariño, un mimo de una rosa, un susurro de la brisa, un rayo de sol, una gota de agua”.

El doctor Cruz era natural de Barranquitas y dirigió el Departamento con sumo respeto y dedicación. Se le recuerda como estudiante positivista y callado con inquietudes de poeta. No es casualidad que su honestidad, laboriosidad, entendimiento, sensibilidad y sobre todo vocación, armonizaran con tan noble proyecto de los libros infantiles.

Aun siendo infantiles, esos libros contenían profundas enseñanzas y eran un buen taller para promover a los escritores y artistas del país. La literatura infantil tiene gran importancia en la formación de los niños, por lo que se puede ver como una zapata en el intelecto del ser humano.

Recuerdo que en clase fueron leídos todos los versos y cuentos. Hoy reconozco que fui afortunado al contar con maestras comprometidas con la visión que buscaba fomentar en los niños la lectura, el pensamiento profundo y el aprecio a los libros. Ante ese punto, tiene relevancia hacer un paréntesis para recordar palabras del entonces gobernador Rafael Hernández Colón, en el mensaje de estado pronunciado el 29 de enero de 1976:
·         “Para servirle bien al desarrollo del puertorriqueño, nuestro sistema educativo deberá fortalecer sus esfuerzos para mejorar la calidad de su enseñanza, coordinar ésta con los requisitos de los empleos existentes o por crearse en la economía de Puerto Rico; y a la vez transmitir el buen saber que permita al puertorriqueño interpretar su existencia a la luz de los valores trascendentes que le dan sentido y propósito a la vida. Sin ese saber, no puede haber ni verdadera educación, ni verdadero desarrollo, ni verdadera civilización”.

Hoy veo que indudablemente, fue esencial para fomentar ese buen saber y esos valores trascedentes, la iniciativa de dar libros a los niños. Lo más que recuerdo de aquellos días en escuela elemental, era cuando se analizaban las enseñanzas de los versos y cuentos. Las manos de los niños para lograr contestar y participar, parecían querer tocar el cielo. No hay palabras para describir en todos sus alcances, las imágenes de los niños mostrándole a sus padres, eso nuevo que le dieron en la escuela. Mucho reviví el 29 de octubre de 2015 en la Fundación.
                                                     
Cuando navego en las redes sociales de internet, o comparto con quienes saludo en la calle, descubro a aquellos niños que hoy son hombres y mujeres de provecho, que ciertamente son parte del legado educativo de la administración y el esmero en el salón de clase, que sembraron esa buena semilla. Son los frutos del buen saber que en la sumatoria, se incluye aquellos dos libros que abrieron cauces al pensamiento productivo y la imaginación luminosa. ¡Con genuino orgullo somos fruto de la escuela pública!

Animados por los Juegos Panamericanos que se celebraban en la Isla en 1979, el lema de la graduación fue: “Estudiar, competir y amar a Puerto Rico es compromiso de todos”. El día de la graduación en ese patio escolar, el poema de “Adiós a la escuela” que muy bien pronunció el más brillante estudiante de la Clase, Juan Carlos Velázquez Pola, nos colocó en el umbral de nuevas etapas y pasos evolutivos, y las lágrimas eran como rocío. Dice el poema:

“Ha llegado el momento de dejarte,
nuestra labor del año está cumplida
somos el escuadrón blanco que parte,
con la nostalgia de la despedida.
Patio con Sol que nunca olvidaremos
aulas donde aprendimos tantas cosas,
pedacito de cielo que aún te vemos
por la ventana abierta entre las rosas.
Ya no vendremos más a tu llamado
vieja campana de color ceniza
ni escribiremos en el encerado
con la barrita blanca de la tiza.
Queda entre tus paredes nuestra infancia
el primer goce y el primer quebranto,
la amistad, esa flor de tolerancia
y las maestras que quisimos tanto.
¡ADIOS ESCUELA!
Con el alma henchida de gratitud
la caravana parte
nuestro blanco escuadrón
hará en la vida más de un alto
tal vez, para venerarte.
Ha llegado el momento de dejarte
nuestra labor del año está cumplida
somos el escuadrón blanco que parte
con la nostalgia de la despedida”.

En 1979 vi en la graduación el retiro de la emblemática principal Judith Rodríguez. En 1985 vi en la graduación el retiro de la emblemática directora Miss de Armas. Al graduarme en mayo de 1985 en Ponce High, nuevamente la historia se escribió desde el patio escolar. Es una gran lección hecha por el Creador y la conciencia, de que mucho de lo celebrado en el nivel superior comenzó en el nivel elemental.

De hecho, fueron tan especiales esos días de la niñez, que mucho me gustaría que se creara la cultura de reencuentros de Clases de escuela elemental. Si hubiese reencuentros de escuela elemental, ¡muy bien debería ser de la Clase de 1979 de la escuela Ramiro Colón Colón! Sigamos creciendo y fructificando con la fe, energía y magia de los mejores inicios.












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