jueves, 24 de octubre de 2013

Ante enfermos por adicciones y enfermos por odio e intolerancia, busquemos más del Creador que fomenta paz en la base del amor y la equidad.

Puede activar la imaginación, pero el auge del tema “zombie” (como en la serie “The Walking Dead”) y el enfoque de “World War Z” (en vez de presentar la forma tradicional de hordas de seres que se devoran a los vivientes hasta dejar el hueso, presenta unos zombies que muerden y contagian), abonan a llevar a preguntar si hay algo que los gobiernos saben y los ciudadanos no, y se va preparando a la ciudadanía para enfrentar una inimaginable crisis mayor (como efectos de la contaminación, mutaciones, nuevas enfermedades, guerra bacteriológica o más).

Puede activar la lógica y llevar a reconocer cómo los publicistas buscan sacar provecho de lo que capta la atención de la audiencia, para transmitir un mensaje que demasiadas personas ignorar o toman livianamente.

El tema “zombie” confirma que no hay casualidades, sino causalidades. En todo caso, la realidad es que zombies, o muertos vivientes, ya existen. Los tenemos en quienes se consumen en vicios, en quienes buscan escapes de la realidad, en quienes han perdido la fe y los deseos de vivir, en fin, en quienes apagan su luz.

Surge en ese contexto, el tema de la droga “zombie”, llamada así por el nivel de deterioro que ocasiona en el cuerpo. ¿Pero en qué medida se le puede llamar así a otros factores que deterioran como el alcoholismo y tantas otras adicciones y males que se originan en mentes enfermas? ¿En qué medida hay mayores deterioros en el alma de quienes se dejan dominar por odios, intolerancia, apetitos desmedidos, personalismos y fanatismos que en las manifestaciones de violencia, nada tienen que envidiar al descontrol y la violencia de las hordas de “World War Z”?

Somos llamados a redescubrir los motivos de vida y perseverancia. Somos llamados a estar en constante renovación y restauración. Busquemos vivir los testimonios de paz, armonía, equidad y soluciones salomónicas, que edifican a uno mismo y a los demás. Consagremos la existencia que es oportunidad única para amar, crecer y fructificar. Dios ilumine a todos.



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