miércoles, 30 de octubre de 2013

Peor que Halloween son las máscaras permanentes.

Antes de expresar palabras que tiendan a condenar a quien participa en un evento de Halloween, procede ver que todavía se está en espera de que tire la piedra quien esté libre de pecado. No olvidemos que Jesús enfrentó con mayor rigor a los religiosos.

Reconozco que no participo en eventos de Halloween. Hay problemas que ocurren en fiestas de Halloween por el ambiente propicio para ello. Sin embargo, no siempre ocurren problemas y un buen amigo de mi clase de 1985 de Ponce High participa para fomentar los buenos valores de niño y me confirma lo sano y positivo que es más; es imposible para mí criticarlo o condenarlo por su decisión, en un mundo en que quienes más fallan son quienes más se valen de falsas apariencias.

No repetiré la historia del origen de Halloween, ya que la mayoría de los que se unen a celebraciones de Halloween no lo hacen pensando en ese origen o para fomentar lo pagano. De hecho, el término “pagano” se usa para identificar a idólatras, por lo que hay mucho más paganismo más allá de Halloween. El respeto es fundamental y esencial: Conozco a quienes celebran en Halloween sanamente y son creativos con disfraces que destacan lo positivo, sin ánimo de rendir tributo a las tinieblas. En la niñez nunca me disfracé por Halloween y nunca me llamó la atención eso, pero era bueno en la escuela compartir dulces. Compartir es un buen principio humano y cristiano.

No dudo que hay gratas y conmovedoras historias en nuestros mayores en esa línea. No dudo que muchos niños que celebraron Halloween, hoy son buenos y productivos ciudadanos. De los niños podemos aprender lo que debe ser la fiesta de Halloween libre del origen oscuro y de los que tienen malas intenciones en el presente.

Así, veo más salomónico aprovechar la coyuntura de Halloween para fomentar temas heroicos en los disfraces, iniciativas como los “talent show”, y dar el cierre de oro a la ruta de “trick or treat” con la cena familiar o la fiesta que no altere la paz. 

Las decisiones sobre Halloween son individuales. Veo propio que en cualquier decisión, sea participar en Halloween o sea no participar en Halloween, impere una nueva conciencia en que lo que se viva, dé luz y armonía y agrade al Todopoderoso. Lo más incompatible es condenar el Halloween y no mirar otros pecados.

Redefinir el Halloween permite establecer que en la vida no es imposible redefinir constructivamente. Quienes se dedican a dar rienda suelta al mal, o a demonizar y no abonar a la armonía, caen en lo enfermizo y lo peor de lo que más critican. Por eso, ante quienes distorsionen el nuevo Halloween en la forma que sea, hay que estar alertas para que no se justifiquen negativas y dañinas actuaciones, ni se empleen los disfraces para cometer abusos y delitos. ¡Cuiden a los niños; cuídense todos! ¡No caigan en los estilos de quienes tienen máscaras permanentes! Es así que no sería justo asociar a las máscaras solo con Halloween.

¿Cuántos emplean máscaras para ocultar dolores? ¿Cuántos emplean máscaras para proyectar lo que no son? ¿Cuántos emplean máscaras para ocultar el feo rostro de maldad que justifica manipular, engañar, robar, maltratar y menospreciar? ¿Cuántas máscaras cotidianas fuera de Halloween son más horribles que las de Halloween?

Máscaras, ¿solo en Halloween? ¿Cuántos no pueden verse con paz ante el espejo? ¿Cuántos emplean máscaras para tratar de dar aliento en los más difíciles escenarios? ¿Cuántos emplean máscaras para prolongar la falsedad y crearse una imagen que no corresponde a lo que realmente son?

Peor que Halloween son las máscaras permanentes. Que sea lo genuino del rostro, ventana del alma que no necesita máscaras. Dios ilumine a todos, y precaución y moderación en Halloween y más allá.




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