martes, 10 de septiembre de 2013

Los recuerdos del 11 de septiembre de 2001 confirman que en un mundo imperfecto, grandes son los retos para que prevalezca el bien sobre la maldad.


El 11 de septiembre de 2001 parecía otro día dentro de la normalidad en el ritmo de Ponce, Puerto Rico, con su clima, su sol y sus afanes.

 

Pensaba en mis propios asuntos y al mismo tiempo, cumplía mis tareas en el trabajo. Todo cambió con una llamada telefónica de la familia de una compañera de trabajo, indicándole que Estados Unidos estaba siendo atacado en Nuevo York, en contra de las torres gemelas. No lo podíamos creer y lo primero fue sintonizar la radio.

                              

Era algo increíble un ataque a un área tan importante de Estados Unidos que se suponía segura, impenetrable o por lo menos, que de inmediato se activaría el mayor sistema de seguridad (hoy todavía parecen increíbles las dantescas escenas, o una pesadilla de la que deseamos despertar).     

Nos movimos a la cafetería más cercana en donde había televisor. Se sentía un ambiente diferente en la zona histórica de la Ciudad Señorial. Algo detenía al tiempo. Algo detenía los asuntos personales y los afanes. Los rostros ante el televisor eran inenarrables. Era como otro mundo.

 

Al ver caer la torre gemela, sentí un ahogo. El pensar en tantas personas muriendo en tan importante obra-símbolo, en algo que no era efectos especiales de cine, sino realidad, los lágrimas eran tan sentidas que ni salieron. Luego, se dio el ataque al Pentágono y más tarde, surgen las informaciones sobre el vuelo estrellado.

Una y otra vez pasaban los reportajes en los medios. La nota discordante fue dada por unos pocos mal llamados “analistas” que desvirtuando la intelectualidad, trataban de justificar un ataque que no fue solo contra EEUU, sino contra la humanidad.

 

Desde ese tiempo, se consolidó la bandera norteamericana como bandera multicultural; como Bandera de la Humanidad que une culturas. Desde ese tiempo, la bandera norteamericana también está presente en mi escritorio, junto a la de Puerto Rico.

Es la bandera de los Estados Unidos también nuestra bandera, no sólo por la ciudadanía americana, sino por lo más importante, que es lo humano y la fe en un Dios Creador de Amor y Vida que une culturas. Recordemos siempre cómo Luis Muñoz Marín habló de las astas de la libertad y la cultura que ve hermanos y no extranjeros.

 

De los días siguientes, recuerdo los mensajes de fe. Unos fueron acertados para alentar la fe y voluntad de crecer y levantarnos. Otros tomaron el rumbo desatinado de buscar crear sentido de culpabilidad. Como es imposible que el Espíritu de Dios inspire mensajes contradictorios, en ese tiempo también quedaron al descubierto y al desnudo los que tienen nublado el corazón y turbada la conciencia. Ciertamente los que transmiten odio por la boca y buscan destruir vidas (moldeando un “dios” que se ajusta a unas agendas particulares que no infunden paz ni realización verdadera), no son tan diferentes en la esencia, de los terroristas que engañan, roban, atentan y matan.

 

Recuerdo que un politólogo hoy fallecido, transmitió niveles de satisfacción por lo ocurrido, en la línea de “¿Querían defensa común? ¡Ahí tienen defensa común!”. Sentí tanta indignación ante tal nivel de insensibilidad hacia los fallecidos y sus familias, que no volví a escuchar su programa radial.

 

Lamentablemente no fue el único y hay quienes siguen en ese confusionismo, pero afortunadamente el sentir mayoritario en el país, no sigue esa línea de fomentar el antagonismo en contra de Estados Unidos. Que no prevalezcan los fines de los de la “libertad” sin libertad integral y tolerancia, que nada bueno aportan. Ciertamente los que transmiten odio por la boca y buscan destruir vidas (fabricando una noción de “patriotismo” que no lo es, sino que busca alimientar los peores instintos y apetitos, y beneficiar a unos pocos a costa de la escasez y dolor de muchos), no son tan diferentes en la esencia, de los terroristas que engañan, roban, atentan y matan.

 

A 12 años de distancia de un día con múltiples historias y recuerdos, es evidente que el mundo cambió desde ese tiempo. No puedo decir que todos cambiaron o son mejores. Tampoco puedo decir que cesaron los libretos memorizados, que perdieron su vida útil, de que por algo permitió el Altísimo algo así.

 

La forma en que Estados Unidos sigue adelante, es el mejor testimonio para todo el mundo. Puede más la visión trascendente que las teorías de conspiración y los juegos de palabras que tratan de ocultar niveles de satisfacción enfermiza por lo ocurrido; que ninguna fabricación o argumentación desvíe el entendimiento necesario sobre la realidad de los movimientos terroristas del maligno.

 

El ataque no fue solo a Estados Unidos porque murieron personas de diferentes razas y culturas, y la historia de atentados confirma que fueron ataques en contra de la humanidad. Una gran verdad: la suma de pecados que se pueda adjudicar a Estados Unidos no justifica los atentados.

 

Sea hoy un buen día para orar por los héroes y por quienes luchan en contra de tantas otras manifestaciones del terrorismo, como el crimen, el chisme y la difamación, la violencia, los abusos, los menosprecios, el ascender a base de los peores estilos, las injusticias, la corrupción, y los males en contra de la vida en todo lugar y escenario.

 

Que los mensajes de hoy, no se pierdan en utopías, no se desvirtúen en libretos memorizados y no sean más de lo mismo. Que hoy, los pensamientos de edificación mayor, rompan rutinas y perfeccionen asuntos personales y afanes, para ser mejores seres humanos. Dios dé descanso a los fallecidos y nuevas fuerzas a quienes perseveran. Dios ilumine a todos en el planeta que es hogar y patria de todos.

 


 

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