domingo, 23 de agosto de 2015

La belleza es tan de Dios como la verdad y las virtudes...

Dice un reportaje de agosto del 2014:
·         “Según un estudio de la Universidad de Cincinnati (Ohio, Estados Unidos), la relación entre belleza exterior y bienestar interior es tan estrecha que a partir de ahora la segunda no se podrá entender sin la primera. El culto al cuerpo y los miles de dólares invertidos en tratamientos, alimentos de calidad y horas de gimnasio no pueden seguir considerándose temas superficiales o menores, pues, al parecer, la gente guapa vive más y enferma menos. Esta es la idea que concluyen los expertos tras analizar los perfiles de 15.000 voluntarios estadounidenses”.
                       
No es algo nuevo, ya que en Proverbios 15:13 dice: “El corazón alegre hermosea el rostro” (salud, paz y autoestima van de la mano). Se puede argumentar que la belleza está en los ojos de quien observa y cuestionar la forma en que la publicidad pueda tratar de imponer unos patrones para la belleza. Considero que toda mujer tiene su encanto único y especial, y es llamada a desarrollarlo y maximizarlo consagradamente.
                                        
Objetivamente, es muy triste cuando el fanatismo religioso insiste en estigmatizar la belleza como egoísmo y algo pecaminoso que no armoniza con valores y virtudes. Afortunadamente la creación y la Palabra no están en ese rumbo equivocado.

La Biblia en Cantares exalta la Belleza, y en Proverbios enseña a buscar balance y fomentar la mayor y más completa Belleza que viene de adentro. Para muestra, con un botón basta: En el Antiguo Testamento se destaca el valor y liderato de la mujer. Un gran ejemplo está en Ester. En el relato bíblico, Ester brilló por el valor, los dones y la gran belleza física que nace del interior (confirma que puede haber belleza externa con mayor belleza interna), y Dios obró por medio de ella. Dios emplea los medios que Él desea para responder y edificar.

La belleza está en la perfección hecha por el Creador que supera palabras y forja mucho. El buen corazón, el sabio intelecto, la acción iluminadora y la hermosura son de Dios. Fomentemos el cuido integral que exalta lo constructivo y divino.

Al optar por los principios salomónicos y sanos, se confirma que somos llamados a reconocer que cada alma que crece, hace y siembra el bien, es instrumento de Dios y canal de bendición. Dios ilumine a todos.



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