viernes, 31 de octubre de 2014

APOYO las actividades de Halloween en todo lo positivo y constructivo; ¡y que sean actividades ochentosas!

No repetiré la historia del origen de Halloween, ya que la mayoría de los que se unen a celebraciones de Halloween no lo hacen pensando en ese origen o para fomentar lo pagano. De hecho, el término “pagano” se usa para identificar a idólatras, por lo que hay mucho más paganismo más allá de Halloween.

Al participar, deben haber las debidas precauciones; y al mismo tiempo, el respeto es fundamental: Conozco a quienes celebran en Halloween sanamente y son creativos con disfraces que destacan lo positivo, sin ánimo de rendir tributo a las tinieblas.
                   
No dudo que hay gratas y conmovedoras historias en nuestros mayores en esa línea. No dudo que muchos niños que celebraron Halloween, hoy son buenos y productivos ciudadanos. De mi niñez recuerdo cómo la celebración de Halloween propiciaba tiernas escenas de intercambio de dulces y de dar dulces a los padres; es el nivel de amor que no se logra con el extremismo que con estilos hostiles puede ser lo más grotesco. Se puede rescatar lo que une en el bien. De los niños podemos aprender lo que debe ser la fiesta de Halloween libre del origen oscuro y de los que tienen malas intenciones.

Así, veo más salomónico aprovechar la coyuntura de Halloween para fomentar temas heroicos en los disfraces, iniciativas como los “talent show”, y dar el cierre de oro a la ruta de “trick or treat” con la cena familiar o la fiesta que no altere la paz. 

Las decisiones sobre Halloween son individuales. Veo propio que en cualquier decisión, sea participar en Halloween o sea no participar en Halloween, impere una nueva conciencia en que lo que se viva, dé luz y armonía y agrade al Todopoderoso. Lo más incompatible es condenar el Halloween y no mirar otros pecados.

Redefinir el Halloween permite establecer que en la vida no es imposible redefinir constructivamente. Quienes se dedican a dar rienda suelta al maltrato, la condena y la exclusión y no abonan a la armonía y la concordia, caen en lo enfermizo y lo peor de lo que más juzgan y critican. Podemos lograr más con empatía y amor.

Nunca usé disfraces de Halloween. Recuerdo que en la escuela elemental había más ánimo por el Halloween (tanto por la fiesta en sí y repartir dulces, como por asociarse con la cercanía del tiempo navideño).

De Ponce High, recuerdo que la maestra de inglés, Jiménez, compartió con nosotros la canción de Halloween del esqueleto, pero no recuerdo la letra.

Por respeto, nunca caí en criticar y condenar a quienes celebraban el Halloween. Veo bueno fomentar lo que une alentando sana creatividad, y no me convence el fomento del cainismo. Reconozco que se recomienda tener precauciones porque no todos obran bien, pero esa prudencia se puede aplicar a otros temas y fiestas, y voy más allá:

Hoy --aún con un poco de más canas y menos cabello—veo mejor enfatizar en lo positivo y lo bueno al participar en actividades de Halloween porque se supone que el crecimiento llame a ser más conscientes de que con soluciones salomónicas se logra más, y de que redefiniendo con conceptos armoniosos y edificantes se progresa mejor. Que el buen Halloween sea prólogo constructivo que agrada al Creador, rumbo a días navideños. Adelante en la vida como sabia, heroica y victoriosa causa de amor.

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Cuando llega el mes de octubre
corro al huerto de mi casa
y busco con alegría
tres o cuatro calabazas.

Las preparo, las arreglo
saco todas las semillas
le hago unos ojos grandes
y una boca que da risa.

Mucho mucho me divierto
con todas mis calabazas
y a todos mis amiguitos
los invito a jugar a casa.

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